jueves, 2 de julio de 2026

Eclesiastés

Introducción.

El libro de Eclesiastés, incluido en el Antiguo Testamento, es una obra sapiencial que reflexiona sobre el sentido de la vida y la fugacidad de las cosas terrenales. Tradicionalmente se atribuye al rey Salomón, conocido por su sabiduría, aunque el texto se presenta bajo el título de Qohelet, traducido como “el Predicador”. A través de sus páginas, se plantea una pregunta fundamental: ¿qué valor tienen los esfuerzos humanos frente a la inevitabilidad de la muerte? Con frases como “vanidad de vanidades, todo es vanidad”, el autor invita a considerar la transitoriedad de la existencia y la importancia de vivir con prudencia y temor de Dios.

  

Propósito

El propósito del libro de Eclesiastés se centra en reflexionar sobre el sentido de la vida y la búsqueda de verdadera satisfacción. A través de sus enseñanzas, el predicador muestra que todo lo terrenal, trabajo, riquezas, placeres, es pasajero y no puede dar plenitud duradera. El mensaje principal es que la vida sin Dios carece de propósito, y que la verdadera sabiduría consiste en temer a Dios y obedecer sus mandamientos.

 

Trasfondo bibliográfico

  • Ubicación: Forma parte de los libros sapienciales del Antiguo Testamento, junto con Proverbios y Job.
  • Autoría: Tradicionalmente atribuido a Salomón, aunque muchos estudiosos creen que fue escrito por un autor posterior que adoptó su figura para dar autoridad.
  • Título: El término hebreo Qohelet significa “el que convoca” o “el Predicador”, y refleja el tono reflexivo del libro.

Trasfondo histórico

  • Época probable: Entre el siglo X a.C. (si fuera Salomón) y el siglo III a.C. (si fue escrito en época postexílica).
  • Contexto: Surge en un tiempo de reflexión sobre la vida, la muerte y la aparente injusticia del mundo. El pueblo judío ya había experimentado crisis y exilio, lo que influyó en una visión más pesimista y filosófica.
  • Influencia cultural: Se nota cierta influencia helenística en el pensamiento, lo que sugiere una época tardía. 
  • Género: Literatura sapiencial, con estilo filosófico y meditativo.
  • Estructura: No sigue un orden rígido; presenta reflexiones, proverbios y conclusiones sobre la vanidad de las cosas terrenales.
  • Tema central: La fugacidad de la vida y la búsqueda de sentido más allá de lo material.

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La vanidad. 

La vanidad de vanidades todo es vanidad.

La vanidad del rey Salomón.

1:1 Palabras del Predicador, hijo de David, rey en Jerusalén.

1:2 Vanidad de vanidades, dijo el Predicador; vanidad de vanidades, todo es vanidad.

La vanidad del esfuerzo para trabajar. 

1:3  ¿Qué provecho tiene el hombre de todo su trabajo con que se afana debajo del sol?

1:4 Generación va, y generación viene; más la tierra siempre permanece.

1:5 Sale el sol, y se pone el sol, y se apresura a volver al lugar de donde se levanta.

1:6 El viento jala hacia el sur, y rodea al norte; gira continuamente, y a sus giros el viento vuelve de nuevo.

1:7 Los ríos todos van al mar, y el mar no se llena; al lugar de donde los ríos vuelven, allí vuelven para correr de nuevo.

1:8 Todas las cosas son fatigosas más de lo que el hombre puede expresar; nunca se sacia el ojo de ver, ni el oído de oír.

1:9  ¿Qué es lo que fue? Lo mismo que será. ¿Qué es lo que ha sido hecho? Lo mismo que se hará; y nada hay nuevo debajo del sol.

1:10  ¿Hay algo de que se puede decir: ¿He aquí esto es nuevo? Ya fue en los siglos que nos han precedido.

1:11 No hay memoria de lo que precedió, ni tampoco de lo que sucederá habrá memoria en los que serán después.

La vanidad de la sabiduría

Ecl 1:12 Yo el Predicador fui rey sobre Israel en Jerusalén.

Ecl 1:13 Y di mi corazón a inquirir y a buscar con sabiduría sobre todo lo que se hace debajo del cielo; este penoso trabajo dio Dios a los hijos de los hombres, para que se ocupen en él.

Ecl 1:14 Miré todas las obras que se hacen debajo del sol; y he aquí, todo ello es vanidad y aflicción de espíritu.

Ecl 1:15 Lo torcido no se puede enderezar, y lo incompleto no puede contarse.

Ecl 1:16 Hablé yo en mi corazón, diciendo: He aquí yo me he engrandecido, y he crecido en sabiduría sobre todos los que fueron antes de mí en Jerusalén; y mi corazón ha percibido mucha sabiduría y ciencia.

Ecl 1:17 Y dediqué mi corazón a conocer la sabiduría, y también a entender las locuras y los desvaríos; conocí que aun esto era aflicción de espíritu.

Ecl 1:18 Porque en la mucha sabiduría hay mucha molestia; y quien añade ciencia, añade dolor.

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